Si hay un nutriente al que la mayoría de los europeos no llegamos, es la fibra. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda que un adulto consuma al menos 25 g de fibra al día. Sin embargo, el consumo medio en Europa ronda los 18-24 g en hombres y los 16-20 g en mujeres.
Dos tipos de fibra, dos funciones
- Fibra soluble: está en la avena, las legumbres, la manzana o las semillas de lino. Forma una especie de gel en el intestino que ralentiza la absorción de los azúcares.
- Fibra insoluble: está en el salvado, los cereales integrales y la piel de frutas y verduras. Aporta volumen y favorece el tránsito intestinal.
Además, la fibra aumenta la sensación de saciedad, así que las comidas ricas en fibra ayudan a llegar con menos hambre a la siguiente.
Por qué nos quedamos cortos
Comemos más harinas refinadas, y al refinarlas se elimina precisamente la parte del grano donde se concentra la fibra: el salvado y el germen. La buena noticia es que no hace falta comer más, sino elegir mejor.
Cómo sumar fibra fácilmente
- Cambia el pan blanco por un pan con semillas y harina integral.
- Incluye legumbres dos o tres veces por semana.
- Añade semillas a ensaladas, yogures y cremas.
- Come la fruta entera, mejor que en zumo.
The Original Protein Bread tiene 15 g de fibra por cada 100 g: dos rebanadas aportan unos 9 g, más de un tercio de la recomendación diaria. Nuestras mezclas de pan, panecillos, sándwich y pizza superan los 13 g de fibra por cada 100 g de producto terminado.




